martes, 6 de julio de 2010

TRADICION ORAL DE LA VIRGEN DEL CARMEN

LA VIRGEN DEL CARMEN
LIBERADORA DEL SUFRIMIENTO

(Recopilación de la tradición oral hecha
y transcrita por el poeta y profesor Isaías Medina López, Programa Ciencias de la educación, VIPI)

La tradición de la Virgen del Carmen o “Virgen María del Monte Carmelo”, es la forma más antigua de adoración mariana. Carmen significa fértil y/o fertilidad.

La historia de la Virgen de la Fertilidad o del Carmen, comienza con el profeta Elías (novecientos años antes de Cristo), quien queda conmovido ante la sequía de tres años que azotaba al pueblo de Israel, como castigo divino por olvidar sus deberes hacia Dios.

Elías sube a orar al Monte Carmelo, de pronto, aparece una nubecita blanca y azul apenas del tamaño del manto de una mujer, que arroja, milagrosamente, una gran cantidad de lluvia, liberando a esa nación de la sequía.

Los sacerdotes interpretaron que esa nube prodigiosa en aguas, además, anunciaba a la “Virgen de las Nubes” o “María”, madre de Jesús. Por ello, el blanco y el azul son los colores marianos. Y su primera adoración implicaba una condición ecológica y de permanencia comunitaria.

Se cuenta que los seguidores de Elías, durante sus largos días de oración, abrieron numerosas grutas en ese monte, y luego de aquel milagro, siguieron habitándolas como “monjes carmelitas”, ahora una orden católica. En el siglo XI después de Cristo, los musulmanes dominan ese lugar, esclavizando a los monjes allí asentados.

Uno de sus castigos fue desnudarlos, dejándoles, apenas una estola o pequeño babero guardapolvo que usaban esos sacerdotes ermitaños sobre sus ropas.

Tras muchos sufrimientos y por la mediación divina de la Virgen de la Fertilidad (de los carmelos, o del Carmen), los monjes se libran de sus oresores, según las crónicas, el 16 de julio de 1251.

Durante su amarga esclavitud, todas las noches se juntaban para rezar, aprisionando y frotando las amarras de sus baberos guardapolvos hasta convertirlos en cordones. Al llegar a Italia y propagar su fe les bordaron imágenes del Sagrado Corazón y de la Virgen, para significar, por partida doble su liberación del sufrimiento y en pago de devoción. Así se forjan los primeros “escapularios”.

El término escapulario proviene del griego skaph- y del latín escápula. Nombre dado a una armadura o escudo que cubría por delante y por detrás. Cuando los monjes carmelitas acudían a los campos de batalla contra los musulmanes, los soldados les preguntaban por qué no portaban armadura como los demás y así protegerse de flechas, lanzas y espadas.

Los carmelitas respondían que su escápulo (escudo) eran esos dos cordones con las dos estampas, a los que llamaron escapulario, pues, por ellos se habían liberado del sufrimiento y de la miseria de la esclavitud, como gracia divina de la Virgen del Carmen.

Ese culto en Venezuela tiene una historia similar, muy ancestral y patriótica. Es un hecho comprobable que los llaneros enfrentados al yugo español, tampoco exhibían armaduras. Como variante, los patriotas hijos de la sabana portaban sus escapularios de la Virgen del Carmen, amarrados a sus lanzas, puñales y machetes, en lo que hoy se conoce como “contras”.

En reconocimiento a esa protección se toma a la Virgen del Carmen como patrona de las Fuerzas Armadas de Venezuela.

Esta verídica acción se acota en importantes libros de historia, novelas, cuentos, leyendas, corríos y coplas.

La primera gran anotación está en el libro “Escenas rústicas en Sur América o la vida en los Llanos de Venezuela”, de 1861, escrito por Ramón Páez, a través de entrevistas hechas a quienes tenían esa costumbre, entre ellos, su padre, el general José Antonio Páez, “Primera Lanza de América”.

Páez, comenta que la fe en esos escapularios era tal, que esos valientes podían acometer las más grandes hazañas como si fuese una rutina. Pero, razona que, de no mediar ese elemento de fe, su valentía puede catalogarse como “loca temeridad”.

Según la religiosidad popular, esos bravos guerreros, a partir del 24 de junio de 1821, argumentan que el poderoso San Juan, por estar celebrando su día y la victoria en la Batalla de Carabobo, se “amarró” una tremenda borrachera y quedó preso, luego, la Virgen Libertadora del Sufrimiento lo libera el 16 de julio, llevándoselo con ella en su día, el Día del Carmen, libre, sano y sobrio.

En otra versión San Juan no estaba preso por borracho, sino que unos parranderos se lo llevaron “amarrado” y estaba bebiendo, cantando y tocando con ellos obligado por sus captores, pero, la Virgen del Carmen, conmovida por tantos excesos, lo liberó de tal gente bohemia un 16 de julio.

Hasta mediados del pasado siglo, esas dos versiones moldeaban estilos y conductas. Según Evangelisto Hermoso, el que creyera que San Juan estaba preso por beber demasiado el 24 de junio, no probaba licor desde esa fecha hasta el 16 de julio. Si pensaba que San Juan estaba “amarrado” por los parranderos debía “parar” la ingesta alcohólica el Día de Carmen, sin tomar ni gota de alcohol hasta el 29 de agosto, fecha en la que se conmemora el “Martirio de San Juan”.

El efecto no es una simpleza. Los practicantes sostienen que así se renuevan las fuerzas para el canto, la música, la danza o cualquier manifestación del arte popular, con la intermediación divina de la Virgen del Carmen, siendo valida esa bendición hasta el Día de la Cruz de Mayo (3 de mayo) cuando se reinicia el ritual, año tras año, en un ciclo interminable, a la cual se ata el artista creyente, cerrándolo el día de su liberación de este valle de lágrimas.

Otros motivos de alta significación lo constituyen las suplicas que se hacen, mediante novenas y velorios, a la Virgen del Carmen, en pos de la fertilidad femenina, por ser una señal anunciadora del nacimiento de la madre de Cristo, le siguen en preferencia encargarle la salud de un recién nacido. La Virgen del Carmen es una fuerza que nos libra del sufrimiento. Con su manto, los cordones e imágenes de su escapulario, los creyentes de todo el mundo nos amarramos a ella y su protección al mismo tiempo que nos liberamos de la esclavitud del dolor corporal y espiritual.
Como despedida, con la mayor gratitud, le dejamos esta oración para usted y su familia:

Oración a la Virgen del Carmen
(Súplica para tiempos difíciles)

"Tengo mil dificultades: ayúdame.De los enemigos del alma: sálvame.En mis desaciertos: ilumíname.En mis dudas y penas: confórtame.En mis enfermedades: fortaléceme.Cuando me desprecien: anímame.En las tentaciones: defiéndeme.En horas difíciles: consuélame.Con tu corazón maternal: ámame.Con tu inmenso poder: protégeme.Y en tus brazos al expirar: recíbeme.Virgen del Carmen, ruega por nosotros. Amén."